El pensamiento moderno se ha caracterizado por enunciar en su discurso la pretensión epistémica de un saber universalista, eurocentrista y en extremo racionalista. Este no solo ha dejado fuera de sus marcos a otras culturas y sociedades, sino también saberes y dimensiones antropológicas del ser humano que preceden al desarrollo y despliegue de la razón como facultad. Tal es el caso de la imaginación, facultad humana destinada a ocupar un lugar problemático y ambiguo en la historia de las ideas d…
Read moreEl pensamiento moderno se ha caracterizado por enunciar en su discurso la pretensión epistémica de un saber universalista, eurocentrista y en extremo racionalista. Este no solo ha dejado fuera de sus marcos a otras culturas y sociedades, sino también saberes y dimensiones antropológicas del ser humano que preceden al desarrollo y despliegue de la razón como facultad. Tal es el caso de la imaginación, facultad humana destinada a ocupar un lugar problemático y ambiguo en la historia de las ideas de occidente; marginada por aquellas posturas historiográficas que interpretan el nacimiento de la ciencia como una disputa entre mito y logos. Donde las fantasías, sueños, ensoñaciones, revelaciones y experiencias místicas, carecen de estatus ontológico y están condenados a vivir en los límites de la ratio occidental. Frente a dicha desvalorización ontológica de la imaginación, y teniendo en cuenta la hermenéutica simbólica de Jung, y de otros autores afines, el presente artículo de corte ensayístico, tiene como finalidad el abordaje de la dimensión simbólica trascendente de la experiencia daimónica. La figura mitológica del daimon, como símbolo y no en su sentido literal y directo. Bajo la figura del daimon se puede comprender mejor la función unificadora del símbolo como dinamizador de la psique, que permite la conjunción de los opuestos como vehículo de la imaginación.