Para ayudar a nuestra imaginación a proyectar una idea rotunda y sintética sobre lo más importante del período de la Historia de España (tam-bién de Europa) que se extiende por todo el siglo XIX, podríamos utilizar diferentes elementos, si bien creemos pertinente empezar con el que sigue: Poco antes de abril de 1876, aprovechando la publicación del primer número de la revista La Defensa de la Sociedad, se reunieron una serie de personajes como Bravo Murillo, Arrazola, Cánovas del Castillo, Noced…
Read morePara ayudar a nuestra imaginación a proyectar una idea rotunda y sintética sobre lo más importante del período de la Historia de España (tam-bién de Europa) que se extiende por todo el siglo XIX, podríamos utilizar diferentes elementos, si bien creemos pertinente empezar con el que sigue: Poco antes de abril de 1876, aprovechando la publicación del primer número de la revista La Defensa de la Sociedad, se reunieron una serie de personajes como Bravo Murillo, Arrazola, Cánovas del Castillo, Nocedal, Ríos Rosas y algunos otros. En el programa que daría comienzo a dicho evento se podía leer: «Al presenciar lo que en Europa acontece, una involuntaria pregunta se escapa de los labios: ¿se aproximan los tiempos bíblicos con tan tremenda magnitud descritos en el Apocalipsis? Una asociación vasta, astuta, invasora, aparece en medio de las naciones»». Casi no es necesario decir que esa asociación vasta, astuta e invasora a la que se referían nuestros reaccionarios no era otra que el anarquismo, el comunismo, el republicanismo y, por defecto, todo aquello que era calificado por ellos como «pensamiento liberal». Para estos autores existía una conexión directa entre el pensamiento revolucionario y la maldad en su rostro apoca-líptico. Cuantas más revoluciones hay en el mundo, dicen ellos, mayor es el signo de que el mal ha conquistado terreno, mayor es el símbolo de que el anticristo anda entre nosotros. De este modo, el deber de la reacción, ayer y hoy, era y es localizar un freno para esa aceleración de los tiempos, era y es evitar el vértigo que produce el Apocalipsis revolucionario. Schmitt parece haber encontrado un lenitivo contra la revolución en sus teorías sobre el Ka-techon. «Katechon no sólo hace referencia a un orden, el imperio medieval, que impide la emergencia del anticristo, sino también al Estado hobbesiano, cuya principal función consiste en evitar esa forma secularizada del fin de los tiempos que es la guerra civil o revolución»