Hay un ”ser” que Benjamin pretendía salvar al escribir ”Ursprung des deutschen Trauerspiel” (Origen del drama barroco alemán): es la alegoría.
La obra fue compuesta con motivo de un examen que debía permitir al filósofo convertirse en profesor universitario en la Universidad de Fráncfort.
Para ello, Benjamin emprendió un análisis detallado de uno de los periodos más debatidos de la literatura y el arte europeos: el Barroco; en concreto, se ocupó del Trauerspiel (traducible literalmente como ”rep…
Read moreHay un ”ser” que Benjamin pretendía salvar al escribir ”Ursprung des deutschen Trauerspiel” (Origen del drama barroco alemán): es la alegoría.
La obra fue compuesta con motivo de un examen que debía permitir al filósofo convertirse en profesor universitario en la Universidad de Fráncfort.
Para ello, Benjamin emprendió un análisis detallado de uno de los periodos más debatidos de la literatura y el arte europeos: el Barroco; en concreto, se ocupó del Trauerspiel (traducible literalmente como ”representación luctuosa”), es decir, un grupo de obras en lengua alemana escritas en la segunda mitad del siglo XVII. Estas obras cayeron en el olvido durante mucho tiempo debido a las duras críticas que les dirigió la Ilustración, que tuvieron como efecto devaluar su contenido, considerado decadente.
El camino de investigación y reflexión iniciado por Benjamin no sólo permitió revalorizar las obras, sino que, a través de una interpretación hermenéutica fascinante y completamente innovadora, Benjamin esclareció el papel salvífico de un lenguaje aparentemente oscuro: la alegoría. Continuando con su investigación, el filósofo se dio cuenta del potencial de este lenguaje y tuvo la intención de reevaluarlo. Dejará claro su potencial ontológico sobre los datos lingüísticos, notando cómo el uso de la alegoría se presta magistralmente a expresar la dialéctica paradójica de degradación y elevación, condenación y redención de la existencia humana.
A través de la lectura de algunas partes de la obra, intentaré resumir la posición del filósofo y el sesgo interpretativo que elige, apuntando sobre todo a develar la urdimbre conceptual que allí se esconde y que tomará forma al momento de redactar las Tesis. Una idea que ya está presente en Benjamin y que encuentra en el análisis del Origen del drama barroco alemán el primer escenario para una elaboración posterior cada vez más explícita. Es la afirmación desesperada de una redención posible para el género humano que se realiza fuera del tiempo histórico y que ve en la alegoría una de las herramientas para su realización: ya que las alegorías son fragmentos de ruinas de apariencias históricas que se transforman en su contrario, restaurando la verdad de la imagen en su integridad. En la parte final del trabajo se plantea una hipótesis, aún no expresada claramente en este estudio: la vida es un sueño. Si la imagen del sueño y del despertar corresponden respectivamente a la vida creatural y a la salvación, en este proceso la alegoría representa el conocimiento del sueño. En efecto, es el lenguaje alegórico, con sus imágenes sombrías, pero también con su dialéctica, el que conduce al despertar de la conciencia y a la constatación de que la muerte, como toda negación, sólo vale como telón de fondo de lo positivo y vital, es decir, que es precisamente allí donde la oscuridad se hace más espesa donde mejor realza la luz.