La violencia en Colombia ha sido un tema recurrente en la literatura nacional, destacándose la novela como el género que más ha explorado esta problemática. Actualmente, se observa una tendencia hacia la narrativa centrada en la reconciliación, a través del ejercicio de la reescritura de la propia identidad de sus protagonistas. Este artículo examina cómo la narración de sí en tres novelas de no ficción –Mi vida y el palacio (Helena Uran, 2020), Cómo maté a mi padre (Sara Jaramillo, 2019) y Lo q…
Read moreLa violencia en Colombia ha sido un tema recurrente en la literatura nacional, destacándose la novela como el género que más ha explorado esta problemática. Actualmente, se observa una tendencia hacia la narrativa centrada en la reconciliación, a través del ejercicio de la reescritura de la propia identidad de sus protagonistas. Este artículo examina cómo la narración de sí en tres novelas de no ficción –Mi vida y el palacio (Helena Uran, 2020), Cómo maté a mi padre (Sara Jaramillo, 2019) y Lo que no borró el desierto (Diana López, 2020)– actúa como un camino de reconciliación frente a las violencias en Colombia. La investigación, de enfoque hermenéutico, se sustenta en los aportes de Paul Ricoeur y Hannah Arendt. Se destaca que la narración de sí se convierte en una forma de resistencia para las protagonistas, quienes resignifican sus vidas mediante la escritura al enfrentar su identidad trastocada por el horror de la violencia.