La filosofía se distingue por ser una disciplina autorreflexiva, donde la pregunta por su propia naturaleza y método es parte fundamental de la discusión. Un rasgo característico de esta práctica es la persistencia del desacuerdo doctrinal y metodológico entre sus investigadores. Lejos de ser un accidente, la divergencia parece ser estructural. Ante este escenario, surge la necesidad de explicar
racionalmente cómo los filósofos eligen sus posturas y por qué llegan muchas veces a
conclusiones inc…
Read moreLa filosofía se distingue por ser una disciplina autorreflexiva, donde la pregunta por su propia naturaleza y método es parte fundamental de la discusión. Un rasgo característico de esta práctica es la persistencia del desacuerdo doctrinal y metodológico entre sus investigadores. Lejos de ser un accidente, la divergencia parece ser estructural. Ante este escenario, surge la necesidad de explicar
racionalmente cómo los filósofos eligen sus posturas y por qué llegan muchas veces a
conclusiones incompatibles.
Esta tesis aborda dicho problema metafilosófico centrando su análisis en los mecanismos de deliberación y evaluación que operan en la filosofía. Para ello, toma como punto de partida la obra de Nicholas Rescher y su concepto de "valor cognoscitivo". Según Rescher, el desacuerdo no se debe necesariamente a errores de razonamiento, sino a diferencias en las predisposiciones evaluativas que llevan a los filósofos a ponderar de manera distinta qué datos son relevantes, qué problemas son centrales y qué soluciones son plausibles.
No obstante, la investigación sostiene que la propuesta original de Rescher resulta insuficiente para ofrecer una explicación detallada y operativa del desacuerdo.
El diagnóstico realizado revela tres problemas fundamentales en su formulación. En primer lugar, su vaguedad semántica: el concepto oscila entre referir a predisposiciones psicológicas subjetivas o bien a propiedades objetivas de las tesis y sistemas. En segundo lugar, el autor comete un error categorial al tratar valores formales y constitutivos (como la consistencia lógica) del mismo modo que preferencias
idiosincrásicas (como lo "interesante", lo "normal"). En tercer lugar, hay una incompatibilidad sistémica entre la metafilosofía de Rescher y su propia epistemología,
axiología y teoría de la racionalidad tardías. Estas deficiencias impiden utilizar el concepto original para analizar disputas filosóficas concretas, mermando el potencial explicativo del concepto.
El objetivo central de la tesis es reformular el concepto de valor cognoscitivo para dotarlo de precisión teórica y utilidad práctica. La investigación no se limita a una revisión exegética, sino que construye una propuesta sistemática integrando la axiología objetivista de Mario Bunge y las discusiones sobre virtudes teoréticas en la filosofía de las ciencias.
La propuesta de reformulación se articula en tres pilares. Primero, se redefine el valor cognoscitivo no como una inclinación psicológica, sino como una propiedad relacional objetiva. Un valor cognoscitivo es una característica de un ítem (una tesis, una teoría o un método) que contribuye eficazmente a la realización de los fines de la empresa filosófica (informatividad e inteligibilidad). Esta definición permite objetivar la discusión: los valores no dependen del gusto del sujeto, sino de relaciones de medio-fin verificables.
Segundo, se propone una "Estratificación de la Racionalidad Filosófica". Este modelo jerárquico distingue entre diferentes niveles de compromiso. Se establece un nivel de "Valores Mínimos" (como la coherencia y la adecuación a los datos), que son constitutivos de la disciplina y deben ser compartidos por todo filósofo para que su actividad sea inteligible. Por otro lado, se identifica un nivel de "Reglas de Implementación", donde existe un espacio legítimo para la variabilidad. Esta distinción
es crucial: permite dar cuenta de por qué los filósofos pueden coincidir en los fines y
valores fundamentales de la disciplina (evitando el relativismo radical), mientras discrepan legítimamente en las estrategias técnicas para alcanzarlos (explicando el pluralismo doctrinal).
Tercero, se modifica el criterio de validación de estos valores. Se abandona la apelación a "truismos" o intuiciones autoevidentes, reemplazándola por la noción de "necesidad funcional". Un valor está justificado si se puede presentar como una condición necesaria para cumplir con los objetivos definitorios de la filosofía.
Para validar la fertilidad de esta reformulación, la tesis aplica el modelo al análisis de casos concretos de deliberación filosófica, como la crítica de Rescher a Nietzsche, la evaluación de Bunge sobre el positivismo jurídico y sobre el sistemismo y holismo. El análisis sugiere que el modelo permite reconstruir racionalmente estas
disputas, identificando con precisión si el desacuerdo es profundo (sobre la definición
misma de la filosofía) o técnico (sobre la eficacia de los métodos).
En conclusión, la investigación ofrece una herramienta conceptual que fomenta la conciencia metodológica. Al disponer de un concepto de valor cognoscitivo claro y jerarquizado, este puede permitir a los filósofos gestionar el desacuerdo con mayor transparencia, identificar falsos consensos y comprender las razones estructurales de
las posiciones rivales, fortaleciendo así la defensa de la filosofía como una empresa
racional y objetiva